Mis ojos se abrieron de golpe mientras caía con fuerza al suelo sobre mi trasero y miraba fijamente al asesino con miedo en mis ojos. Él era joven y se podía ver que no debía de tener más de 18 o 19 años. Era un chico de piel amarilla, era rubio, ya no tenía gafas y podía ver sus ojos de color azul claro… incluso se podía ver el mismo infierno arder en llamas en ellos. Yo sólo sentí la pesada mirada del asesino sobre mí, el ceño fruncido de él mientras no tuve tiempo de reaccionar ante los hechos, pues él simplemente me tomó del brazo mientras me alzaba del suelo bruscamente haciendo que me quedara enfrente de él. Yo reaccione ante esto segundos después.
— ¡Suéltame! ¡Aléjate de mí! —trate de zafarme del agarre de mi opresor pero me fue en vano. La fuerza de aquel chico era superior a la mía en diversos aspectos, sin contar que me tenía fijamente sostenida impidiendo que escapara lastimándome el brazo.
— ¿Qué demonios crees que haces? — preguntó fríamente aquel asesino sin soltar mi brazo, que me debatía en liberarme de él como fuera. Estaba desesperada, sentía miedo pero aún así sentía la vida entre mi garganta. Debía de huir cuanto antes, no quería morir en ese lugar… ¡No! ¡Se rehusaba hacerlo!
— ¡Aléjate de mí! — lo empuje con mi otra mano con las pocas fuerzas que tenía. Pero no se movía, su fuerza era mayor que la mía era tan sólo una debilucha comparada con él. Fue mi turno de alzar mi mirada con miedo.
—No irás a ningún lado niñita…— dijo con seriedad y de mala gana jaló de mi brazo. Chille ante esto, no por el simple hecho de que me jalara el brazo, si no que ante ese acto la herida en mi cintura me dolió como nunca.
Sólo sentí como él me tiraba y me llevaba casi arrastrando hasta la habitación en donde minutos antes había despertado. Trataba de liberarme del agarre de él pero no podía por más que intentaba. Lo golpee, le maldije, le pateé la pierna, lo mordí en el brazo e incluso le pellizque, pero nada surtió efecto en él. Simplemente observe como llegaba hasta la puerta de la habitación y de nuevo él me alzó un poco más del brazo y con tremenda fuerza me dejó caer sobre el piso de aquel lugar. Yo le mire atónita mientras él sólo se resignaba en cerrar la puerta enfrente de mi cara.
Me mantenía con la miraba fija en la puerta… no podía creerlo, ¿qué sucedía?... Al parecer estaba secuestrada y no sabía dónde demonios estaba. Lentamente me levante del suelo mientras comenzaba a tratar de abrir la puerta, sus intentos fueron en vano pues al parecer estaba cerrada con llave. Desesperada, comencé a golpear con mis puños en ella hasta que el llanto me venció por completo y con pesadez me recargue en la puerta dejándome sobre el suelo lentamente. No pude evitarlo y rodeé mis piernas con mis brazos para ocultar mi rostro entre ellas. Comencé a llorar, a desahogarme por todo lo que sufría y pasaba en esos momentos no sabiendo lo que me esperaba. Me sentía impotente y tonta en aquellos momentos, no había salida… y esos ojos. Recordé aquellos ojos fríos en mi mente, me estremecí mientras chillaba con más fuerza. Tenía miedo… mucho miedo de lo que jamás había sentido en mi vida. Algunas imágenes de nuevo se mostraron en mi mente, mis amigos, mis amigas, mis compañeros de clase, mis guardaespaldas…mi padre. Todo esto estaba en mi mente pero era acompañado con dolor, tristeza y llanto de impotencia. Lo único que quería era salir de ese lugar, solamente eso era lo importante.
En la mañana siguiente…
Abrí los ojos con lentitud mirando el piso de la habitación y escuchando unos pasos acercarse a ese lugar. Me dolía la cabeza y ahora estaba en el suelo ya que seguramente mee había quedado dormida de tanto llorar. Me limpié un poco mis ojos retirando algunas lágrimas que aún tenía, con pesadez me levante de ahí mientras que me tambaleaba de un lado a otro; para después mantener el equilibrio antes de caer sobre aquella cama con dolor.
Estaba muy débil en esos momentos, me sentía muy mal… casi al colapso de quebrarme. Tal vez era por la pérdida de sangre que había sufrido en las últimas horas o quizás era que lentamente moría… Observe el lugar donde me dolía, las vendas estaban de un color rojo ya que se había abierto la herida después de mi último intento de escape… Suspire resignada mientras que me acomodaba la pollina de mi cabeza, mis ojos me pesaban y estaban terriblemente hinchados. Odiaba llorar porque después de haber terminado, siempre me sentía fatal y terriblemente, justamente como ahora.
Respiré agitadamente, ahí observe de nuevo el lugar donde me mantenía encerrada. Me estremecí mientras tomaba alguna de mis energías y me levantaba con pesadez de la cama, tambaleé y resbalé al suelo con fuerza. Gemí del dolor pero eso no me impidió levantarme de nuevo del suelo y caminar hasta esa ventana de la habitación. No quería estar más en ese lugar y no me quedaría con los brazos cruzados sin haber intentado escapar una vez más. Y viéndolo como estaba ahora, seguramente esa ventana era mi única salvación, tal vez podría escapar por ella si es que tenía suerte...
Por fin había llegado hasta la dichosa ventana con dificultad. Coloqué una mano sobre la pared para recargarme sintiendo como la sangre fluía por mi herida ahora abierta y un dolor recorría mi cuerpo. Moví con cuidado aquella persiana mirando por la ventana y tratando de no hacer ruido, ahí miré pasmada el panorama ante mis ojos… Observe que me encontraba en un apartamento de un edificio, seguramente en el piso 9 o 10 y estaba a una gran altura. Trague otra vez saliva mientras mis piernas me temblaban, no sabía si era por el miedo o porque simplemente me estaba afectando la herida que tenía.
No había escapatoria.
De nuevo las lágrimas se acumularon en mis ojos, pero no las dejó fluir esta vez. Abrí mi boca, tal vez si gritaba que me ayudaran podría salir de ese lugar… pero no se veía nadie por las calles en donde estaba ese edifico. Éstas se encontraban oscuras, ya era de noche y algunas patrullas de policía se escucharon muy a lo lejos, grité con todas mis fuerzas pero fue en vano, nadie me escuchaba en esos momentos de agonía que sufría.
Tanta era mi desesperación que no me di cuenta que giraron la perilla de la habitación; el mismo asesino entró observando la tonta que trataba de escapar… cosa inútil por cierto. Su mirada fría se posó en mí mientras que de mala gana colocaba la bandeja de comida en la mesa y un par de vendas en la cama.
Se dirigió hasta mi cuerpo que estaba dándole la espalda, y con cierta rudeza, me tomó del brazo haciendo que me girara y le observara. Ahí descubrió mi mirada de terror, así mismo, como estaba a punto de gritar. Pero él fue demasiado rápido como para ponerme una mano en la boca mientras me arrastraba hasta dejarme caer con fuerza sobre la cama. Gemí del dolor al sentir mi cuerpo sobre el colchón, abrí mis ojos topándome con unos ojos fríos y llenos de odio en frente mío, aquellos como si el mismo infierno estuviera dentro.
Me estremecí mientras observaba aquel honbre que me tenía presa en ese lugar, aquel hombre que me infundía temor con el simple hecho de mirarle a los ojos, aquel que me había lastimado y aquel hombre… aquel asesino que hace algunos momentos atentó contra mi vida, mató a mis guardaespaldas y ni siquiera sabía el por qué de las cosas.
>> ¿Por qué demonios tenía que pasar todo esto? ¿Por qué? << Él, por su parte me miró de nuevo el cuerpo sobre la cama; estaba muy débil y seguramente la herida de mi abdomen se había abierto. La verdad no le importaba mucho si yo muriese o no en esos momentos, en realidad, su misión había sido matarme desde un principio… Dário pensó >> Pero… ¡malditos planes! ¡Tenían que cambiar a última hora! Ahora le salían con que era mejor dejarla viva y tenerla en su casa por algún tiempo… ¿Acaso le miraba con cara de niñera o algo así? ¡ÉL ERA UNA ASESINO! ¡UN ASESINO! Seguramente el mejor de todos, uno de los más buscados en la ciudad y, ¿por qué no decirlo?, en el país… y seguramente fuera de éste también. <<
Miró mis ojos verdes, tan sólo hace algunos segundos; seguramente en ellos se reflejaban el miedo y la impotencia que sentía y sin saber por qué, eso le agradaba. Le gustaba ver la cara y el miedo que infundían los rostros de sus víctimas antes de su muerte. Después de todo, era un asesino y ver eso era cosa normal en su vida. Pero ahora, esos ojos… sólo me mostraban lo indignada y furiosa que me sentía, también mi impotencia al no poder hacer nada. Mi impotencia y torpeza por no poder escaparme de aquel maldito lugar.
—Eres una chiquilla muy fastidiosa…— Me dijo con frialdad. Me estremecí ante sus palabras, su voz era grave y fría. — Debería matarte ahora mismo. — Le miré, mi respiración se volvió más agitada, me estaba costando respirar con normalidad.

