— "Dios mío…"— pensé al momento de escuchar cómo el taxista me decía que tomarían otra calle para evitar el tráfico o algo así. Pero al dar la vuelta en la siguiente calle, noté que el tráfico estaba de lo peor.
— N-no…— susurre aterrada al observar por el retrovisor del taxi, como al fondo una silueta extraña brincaba entre los techos de los vehículos parados.
—¿Pero qué demonios…?—exclamó el conductor del taxi al sentir como algo pesado caía sobre el techo de su vehículo. Alzó su vista indignado pero un dolor se incrustó en su cuello y mi grito fue lo último que escuchó. Una daga reposaba sobre su cuello, arma que había acabado con su vida en tan sólo unos segundos.
En mi desesperación, salí del vehículo con rapidez aún agitada y atemorizada por todo. Corrí entonces entre los vehículos del tráfico sin ser capaz de pedir ayuda. Sólo pensaba en escapar de ahí cuanto antes, de aquel maniático que seguía mis pasos ágilmente, así mismo huí hasta adentrarme a una calle en construcción y un edificio en igual circunstancias se alzo ante mi vista.
No lo dudé ni ún segundo y me adentre a ese lugar. Aún faltaba para que fuera terminado y varios cimientos de cemento estaban por ahí tirados en los alrededores, me dirigí hasta alguno de ellos ocultándome, no importandome el haber caído bruscamente al suelo y rasparme la pierna.
— "Esto no puede estar pasando… ¡No! ¡Por favor ayúdenme!" —coloque ambas manos sobre mi cabeza cerrando mis ojos con fuerza ya que no estaba segura si el asesino aún estaba tras de mi… Y lágrimas amargas recorrieron mi rostro al percatarme que estaba desarmada. Mi celular se había perdido, seguramente lo había dejado abandonado en el bolso dentro de la limosina.
¡CRASH!
Y abrí de golpe los ojos al escuchar aquel sonido, mi corazón comenzó a latir desesperadamente mientras me levantaba del lugar. Estaba segura que el asesino ya me había encontrado. Sin saber qué hacer o qué pensar, corrí por los cimientos y equipos de construcción para salvarme e huir de la misma muerte que me seguía.
—¡Auch! —mi cuerpo se desequilibró al momento de caer nuevamente al suelo y mi pierna se dobló en el acto, originando que dejara salir un gemido de dolor. Pero cuando estaba a punto de huir nuevamente, sentí algo frió y metálico sobre mi frente. Y cuando alcé mi vista atemorizada, mis ojos se toparon con el frió de una pistola en mi cien y la sombra de un extraño enfrente mio.
—Creo que ya jugaste demasiado al gato y al ratón… Te gusta hacerte la difícil chiquilla. —pronunció con una frialdad el sujeto provocando que casi toda mi piel se erizara y que comenzará a temblar saliendo de "shock", no sólo por el simple hecho de tener esa arma en mi frente, si no por tener la presencia de ese asesino ahí.
Él simplemente sonrió un poco, con gran malicia; viendo la expresión de mi rostro y observando mis ojos verdes llenos de lágrimas, las cuales no dejaba fluir debido al miedo que tenía. Movió entonces su dedo mientras estaba punto de jalar del gatillo del arma…
<<Tengo que terminar con esto de una maldita vez al igual que con la vida de esa mocosa<<. Pensó Dário. Pero una bola de tierra fue a parar en su rostro, que a pesar de tener las gafas puestas, parte de la tierra se infiltró en sus ojos y su nariz, causando que gritara y soltara el arma.
Aproveché esto para levantarme del suelo y salir corriendo de ahí a toda velocidad.
Aproveché esto para levantarme del suelo y salir corriendo de ahí a toda velocidad.
Indignado por el simple hecho de ser humillado por una chiquilla, el asesino apuntó con el arma; ya estando un poco más recuperado, jaló del gatillo mientras la bala me daba. Caí con fuerza al suelo golpeándome con algunas cosas de construcción del lugar. Él se mantuvo firme mientras caminaba hacia mi, y no recuerdo que más ocurrió, todo se volvió oscuro para mí.
Vi el cuerpo inerte de ella, me acerque para cerciorarme que estuviera muerta... Vi como un manto de sangre envolvía el cuerpo de la chica ya que le había dado a un lado de su cintura. Había logrado la misión, y seguramente iba ser muy bien recompensado.
Me giré sin asombrarme, mientras a lo lejos, escuchaba algunas sirenas de las patrullas de policía . Mire de nuevo el cuerpo, no podía dejarlo ahí, debía de hacer algo. Sí dejaba la evidencia en ese sitio, buscarían las pistas y podrían descubrirme; y lo único que no quería era dejar pistas por el homicidio. Sostuve el cuerpo mientras comenzaba a correr de ahí a toda velocidad, la sangre de ella manchaba mi ropa pero no le di importancia. Y así me pierdo entre las frías calles de esa ciudad cargando el cuerpo de una adolescente en un manto de sangre.



